Autor: Osviel Castro Medel
Hace cuatro días, el pasado 25 de mayo, Terencio Montero Pacheco (Bayamo, 1924) hubiera cumplido 102 años. Casi nadie lo recordó. El Decano, como lo bautizaron por ser el narrador deportivo más veterano de su tiempo, merecía al menos un minuto.Pese a ese silencio su figura es imborrable para la afición. Su legado probablemente no esté en lo que dijo, sino en lo que nunca expresó y todo el mundo jura haberle oído.Narrador durante más de 50 años, promotor de la campaña “Ponga usted un ladrillo y Bayamo tendrá su estadio”, cronista en las Universiadas de Zagreb (1987) o los Panamericanos de La Habana (1991) y merecedor del Premio Nacional de la Radio por la obra de la vida en 2008, Terencio fue mucho más que un cronista. Fue un hombre de la radio que presentó a Pablo Milanés en la emisora y que animó fiestas en Santiago con Germán Pinelli.Y también fue un personaje de leyenda. Sus frases — incluso algunas que nunca pronunció— siguen más vivas que nunca.“Échale agua que está muy fuerte”, “Coge de las de abajo que están más frías”, “Terencito, recoge la ropa que va a llover”. Todo eso, según él, fue pura fábula . En una de sus últimas entrevistas, en su morada desteñida del reparto Jesús Menéndez, Terencio se reía mientras las desmentía una por una.“Ninguna es cierta”, me dijo. “Pero el pueblo las ha convertido en verdades. ¿Quién puede con eso?”El único cuento que admitió como verdadero fue “Síguela, Pachi, que yo la perdí”. Aquella vez no vio dónde cayó un descomunal batazo y le pidió a su compañero, Pachi Espinosa, que continuara la descripción.Quizá por esa rareza, el pue...