Autor: Osviel Castro Medel
Tal vez ningún otro partido del Mundial de fútbol genere tantas expectativas como el que sostendrán este miércoles, en Atlanta, Argentina versus Inglaterra en una de las semifinales del torneo. Es entendible: estos equipos mantienen una rivalidad a lo largo de seis décadas, que se acentuó con el conflicto de las Malvinas (1982) y luego con los dos goles de Diego Armando Maradona en México 1986.Aquella tarde de cuartos de final, el 10 argentino firmó la "Mano de Dios" y el "Gol del Siglo", y desde entonces cada cruce entre ambas selecciones ha sido mucho más que un partido de fútbol. Es un duelo donde la historia respira en cada pase, donde el pasado se cuela en cada gol y donde los aficionados de ambos bandos saben que lo que está en juego trasciende el marcador.Argentina llega a esta semifinal con el peso de ser la campeona vigente, con un Lionel Messi que disputa su último Mundial y con la oportunidad de escribir una página dorada: convertirse en la primera selección en revalidar el título desde Brasil en 1962. La albiceleste ha escalado hasta aquí más por su carácter que por su juego, y el desgaste físico comienza a pesar: dos de sus tres choques de eliminación directa se decidieron en la prórrogaSin embargo, el equipo de Scaloni tiene algo que no se entrena: saber leer los partidos, cambiar de esquema según el rival y hacer que sus jugadores rindan mejor con la camiseta celeste y blanca que en sus propios clubes. Es, digámoslo sin pena, una selección testicular. Messi, a sus 39 años, sigue siendo el jugador que más teme Inglaterra, aunque su resisten...